Los onas o selk´nam habitaban en la Isla
Grande de Tierra del Fuego, y como desconocían la
navegación, se supone que estaban en este lugar cuando se
formó el Estrecho de Magallanes, que separó la isla
del continente.
La variedad de alimentos con los que contaban,
tales como guanacos, aves, huevos, vegetales y productos
marinos, los llevó a dividirse en grupos de parientes que
tenían su propio territorio, generándose disputas cuando los
terrenos eran invadidos por personas ajenas al linaje.
Aunque las familias eran nómadas, algunas solían vivir en
un mismo lugar, fabricando toldos conformados por un armazón
de ramas entrecruzadas y cubiertas por cueros, donde se
mantenía una hoguera que los calentaba.
Cuando se desplazaban, se hacían acompañar de perros
domésticos. Las mujeres trasladaban las pertenencias, como
canastos de fibras vegetales y recipientes de corteza de
árbol, y los hombres llevaban armas para cazar o defenderse.
Para la caza utilizaban arcos de grandes dimensiones
y lanzas, transportando las flechas en un carcaj
(caja portátil) colgado a la espalda.
Su vestimenta estaba hecha de cuero de guanaco o de zorro
curtido. Si había mucha nieve, cubrían sus pies con una
especie de mocasines de cuero. Acostumbraban, además,
depilarse el cuerpo y untarlo con grasa de lobo marino. Se
adornaban con collares y brazaletes de concha, huesos o
piedras, y en la cabeza gustaban de llevar penachos de
plumas.
Dentro de la organización social, un personaje de
singular importancia era el chamán, a quien se
atribuía poderes sobrenaturales y actuaba como curandero,
mago o brujo. Practicaban ritos de pasaje o transición, para
celebrar el paso de una vida a otra, siendo la más
trascendente la llamada hain, que tenía lugar cuando hombres
y mujeres pasaban a la pubertad.
Creían en la existencia de un ser superior llamado
Temáukel, el que vivía en un luminoso lugar del cielo
y vigilaba a los hombres a través de las estrellas.