Poseían embarcaciones que construían de cortezas de
árbol, principalmente de roble, las que tenían una longitud
de hasta cinco metros.
Los yaganes aprovecharon las condiciones de habitabilidad
de las islas, pasando bastante tiempo en tierra, donde
levantaban toldos cónicos con armazón de ramas cubierta de
pieles. En el interior de estas viviendas, se cavaba el piso
un nivel más bajo que el de la tierra, a fin de protegerlas
del frío y de los vientos; y se mantenía siempre una fogata
encendida en medio. Cubrían sus cuerpos con grasa de lobo
marino, y vestían solo una corta capa de pieles que les
llegaba hasta la cintura. Cuando el tiempo era extremo, como
en los meses nevosos, calzaban mocasines de piel.
Eran también expertos fabricantes de cestos, los que
utilizaban para guardar sus pertenencias, alimentos y
trasladar objetos.
Además de la vestimenta, los yaganes gustaban de usar
adornos, como collares hechos con cuentas de concha o
huesos, pulseras de cuero y diademas de plumas.
Respecto de su organización, y por su condición de
aislamiento, este pueblo no presentaba diferencias sociales
ni jerárquicas, reconociendo solo al padre como figura
principal.
No obstante su incipiente desarrollo, los yaganes tenían
una compleja creencia religiosa, que se manifestaba en la
adoración de un ser supremo invisible, creador y ordenador
de los hombres y la naturaleza. Suponían que los espíritus
de los muertos se dirigían hacia una especie de paraíso en
el cual siempre brillaba el sol.