El primer
intento de orden
En 1829 se realizó una nueva
elección presidencial. Presidente fue elegido
Francisco Antonio Pinto, por mayoría
absoluta, y vicepresidente, Joaquín
Vicuña, que había resultado cuarto en esta
elección. Pinto renunció y Vicuña asumió la presidencia,
estallando de inmediato las protestas. El 7 de noviembre
se realizó un cabildo abierto que depuso a Vicuña y
designó una Junta de Gobierno integrada
por Ramón Freire, Francisco Ruiz Tagle
y Juan Agustín Alcalde, para convocar a
nuevas elecciones. Parte del país no la reconoció, por
lo que fuerzas leales y rebeldes se enfrentaron en la
batalla de Ochagavía. Un armisticio
dejó el mando del país y del ejército en manos de
Freire, sucedido por una Junta Gubernativa, que designó
comandante de las fuerzas leales al general
Joaquín Prieto. Con este hecho de
armas, se sentaron las bases para el establecimiento
definitivo de la República, quedando atrás la
anarquía.
La Escuadra
Nacional
Una de las tareas prioritarias
para O’Higgins y su ministro de Guerra y Marina,
José Ignacio Zenteno, fue tener una
Escuadra Nacional, ya que el dominio
del mar era indispensable, tanto para asegurar el éxito
del plan de José de San Martín, de
atacar el virreinato del Perú, como
para impedir que el virrey peruano continuara enviando
soldados hacia Chile. Así fue que, bajo el mando de
Manuel Blanco Encalada, se creó la
primera Escuadra Nacional, cuya base la
constituyó el bergantín Águila,
capturado después de Chacabuco. A él se agregaron la
fragata Lautaro, adquirida a
Inglaterra, y tres embarcaciones compradas en
1818.
Mientras contemplaba su zarpe
desde Valparaíso, O Higgins dijo: “Tres
barquichuelos dieron a los reyes de España la posesión
del Nuevo Mundo. Esos cuatro van a
quitársela”.
La
Constitución liberal de 1828
En enero de 1828, se llamó a
elecciones para un nuevo Congreso Constituyente,
triunfando una coalición encabezada por los liberales,
apoyados por pipiolos y federalistas.
Se encomendó a José
Joaquín de Mora, literato español, y a
Melchor de Santiago Concha Cerda, la
redacción de una nueva Constitución, en
la que el Poder Ejecutivo era ejercido por un Presidente
y Vicepresidente de la República; el Legislativo
constaba de una Cámara de Diputados y un Senado, y el
Judicial quedaba bajo la dirección de una Corte Suprema.
Se aseguraba la igualdad ante la ley y
una serie de libertades individuales.
Además, se conservaba la religión católica,
apostólica y romana como oficial del Estado,
pero señalaba que “nadie sería molestado por
sus opiniones privadas”.
El problema
del estanco
Al té, entre otros productos, se
le aplicó el estanco. Esto significa un monopolio de
explotación, producción o comercialización exclusiva de
determinados bienes.
Durante el gobierno de
Ramón Freire se entregó el estanco del
tabaco, naipes, té y licores a una firma constituida por
Diego Portales, José Manuel Cea y otros, a cambio del
pago de las cuotas de un empréstito inglés a
Chile.
El estanco
implica el monopolio de la explotación,
producción o comercialización de determinados
bienes.
A causa del caos político y
administrativo que generó el federalismo, se desarrolló
el contrabando de las especies concedidas en estanco,
por lo que disminuyeron bruscamente las ventas. Al ser
incapaz de cancelar los pagos comprometidos, la sociedad
comercial quebró. En septiembre de 1826, el Congreso
canceló el contrato y el estanco volvió al
Estado.
La
incorporación de Chiloé
Luego de la batalla de Maipú (5 de
abril de 1818), que dio la independencia a Chile, el
archipiélago de Chiloé, gobernado por
el brigadier Antonio Quintanilla,
seguía fiel a la Corona española, lo que resultaba
sumamente riesgoso, ya que desde ahí se podía organizar
una nueva operación de reconquista.
En marzo de 1824, las fuerzas de
Ramón Freire atacaron Chiloé sin
fortuna. En enero de 1826, Freire volvió a atacar,
preocupado por los rumores de que Simón Bolívar deseaba
anexarlo al Perú. Apoyado por el almirante
Manuel Blanco Encalada y los generales
José Santiago Aldunate y José
Rondizzoni, derrotó a las fuerzas de
Quintanilla en las batallas de Pudeto y
Bellavista. El día 19 de ese mes, se
firmó el tratado de Tantauco,
estipulándose que el archipiélago se incorporaba al
territorio nacional.