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En Cucao, como en muchos
lugares de la isla grande de Chiloé, la brujería se denominada
"el arte" y tratar de obtener información sobre ella es tarea
imposible. Todos la temen y rehúyen, ya que una ley muy
antigua dice que "a quien revele algún secreto se le corta la
lengua". Sin embargo, se sabe que tienen poderes y pueden
volar. Hacen mil maldades, excepto robar, y es por eso que, se
dice, el brujo siempre va a ser pobre. Y aunque "el arte" se
practica en secreto, hay diferentes maneras de descubrir a un
brujo como, por ejemplo, ponerse la ropa al revés o colocarse
en el ojo una lágrima de perro, animal que es capaz de
verlos.
LEYENDAS
Cuentan los
lugareños islotes que hace años, cuando una compañía minera
norteamericana hacia estudios de explotación de oro en las
playas de Cucao, un gringo bebido se encaramó en los roqueríos
envuelto en una sábana blanca y comenzó a pedir balseo, por lo
que fue castigado por su burla, ya que al tiempo murió
repentinamente de una misteriosa enfermedad. Muchos dicen oír
sus gritos desconsolados en noche de tormenta, pidiendo
balseo, ahora muy en serio.
También se dice que
una vez muerta una persona, su alma necesita pasar al otro
lado del mar y para ello, ésta debe subir a la parte más alta
de los acantilados y gritar pidiendo balseo hasta la otra
orilla, acudiendo al llamado un botero vestido de blanco en un
bote del mismo color y luego se aleja con su pasajero hacia el
más allá, si éste se ha portado bien. De no ser así, su alma
queda vagando y llorando cerca de los roqueríos. Muchos dicen
haber escuchado lamentos confundidos con el ruido del viento y
de las olas.
Fuente: chileturismo.cl
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